Instamomentos de vacaciones



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Un bordado vintage, heredado de la abuela


Me gusta el ritmo sin prisas y sin compromisos de las vacaciones...llamadme tonta, ¿verdad? Vengo para enseñaros una cosita que, aunque no tenga ningún valor económico, para mí es un tesoro. Con el cambio de armario de cada verano sale a relucir este camisón heredado de mi abuela, aunque en realidad no sé de qué artista de la familia fue obra. Mi abuela se llamaba Blanca, aunque el nombre oficial era Natalia. Un olvido de su padre, causado por una visita previa al bar del pueblo, dejó esa huella en su vida...y una historia que nos encanta a los que vinimos detrás! 


El tema es que el camisón en cuestión está hecho con uno de los mejores algodones que he visto en toda mi vida. Ojalá pudiésemos recuperar esta calidad, entiendo que las mega estrellas del espectáculo pidan a los hoteles sábanas de algodón de X hilos! 
Pero lo mejor del camisón es el bordado que lleva en la pechera. Según me contó una experta bordadora de por aquí, está hecho a mano y es una obra de arte. Yo no lo sé, sólo os puedo asegurar que la cara de la señora (ya bastante mayor) al verlo fue de admiración pura. El enrejado, según me contó, está hecho a base de ir quitando hilos del tejido. Y yo me pregunto cómo podían conseguir tanta pulcritud y delicadeza!


En fin, que disfruto viéndolo y admirándolo. Es uno de mis tesoritos de la abuela. La bisutería vintage que también guardo os la enseño otro día, si os apetece. ¿Guardáis prendas parecidas? Si alguien tiene más pistas sobre este tipo de bordado...compartir! 



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Galletas de té matcha (segundo intento...)


Con los calores se desvanecen las ganas de chocolate y ganan protagonismo las ganas de galletas, al menos en mi caso. A las de té matcha le tenía muchas ganas desde hacía meses, pero el precio desorbitado del botecito de té me echaba siempre para atrás! Los astros se alinearon para que en mis manos cayese uno de regalo hace unos días, y como posesa me lancé a por la receta de galletas. Ahora que las he probado he sacado dos conclusiones: a) las galletas son bien ricas, pero b) no sé hasta qué punto vale la pena comprar el té sólo por hacer galletas! 

Sea como sea, os dejo aquí la receta por si os apetece probar. La primera vez seguí una receta extranjera que resultó ser demasiado dulce y seca, así que aquí va el "segundo intento", que es una mezcla de las shortbread con la improvisación a ojo... Menos dulces y con un sabor que mezcla el gusto fuerte del té con la delicia de la mantequilla.


Ingredientes:

150grs de mantequilla (a temperatura ambiente)
60grs de azúcar glass
220grs de harina
1 cucharada sopera de maicena 
2 yemas de huevo
30grs de té verde matcha (en polvo)
1 pizca de sal
azúcar normal para decorar los bordes (opcional)

En esta receta no empezamos precalentando el horno porque nos espera un tiempo de nevera. Eso sí, empezamos tamizando la harina, la maicena y el té juntos.
En un bol, batimos con la batidora de varillas la mantequilla, hasta que esté bien blandita y esponjosa. Añadimos entonces el azúcar y la pizca de sal. Sin dejar de batir, añadimos las yemas de huevo, y seguimos batiendo hasta que esté bien ligada la mezcla.
Con una espátula de goma añadiremos entonces la mezcla seca (harina, maicena y té), poco a poco, hasta formar la masa. Veréis que es una masa un poco "granulada", no imaginéis una masa muy compacta! Con la masa formaremos dos cilindros, que irán a la nevera envueltos en film plástico como mínimo 30 minutos. Dos consejos: uno, el diámetro del cilindro dependerá de lo grande que queráis las galletas (tened en cuenta que "crecen" al cocerlas) y dos, para trabajar mejor la masa podéis ayudaros con un poquito de harina.
Ahora sí, precalentamos el horno a 170º aproximadamente. Una vez haya pasado el tiempo de nevera, cortamos con un cuchillo liso el cilindro, más o menos con un centímetro de grosor. En una bandeja cubierta con papel de horno dispondremos las galletas...bien separadas entre sí! Como os he comentado, "crecen" a lo ancho principalmente, así que sed generos@s con el espacio vital de cada una! 
Tras 15 minutos aprox. ya estarán listas, en cuanto empiecen a coger un pelín de color. No las dejéis más tiempo, aunque os parezcan que están crudas no lo están, y más tiempo sólo conseguirá que os queden secas...y tostadas. Dejamos enfriar en rejilla...y las que sobren ya sabéis, guardadas en lata y aguantando muy bien los días!


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La triste historia del cuello de la principiante


Si seguís mis peripecias por aquí sabréis que mis andanzas con el crochet empezaron no hace demasiado tiempo... Y habréis percibido que la paciencia y el paso-a-paso no es precisamente mi fuerte. La triste historia de mi primer cuello de crochet contiene todos estos elementos, y alguno más que hasta me da vergüenza confesar. Pero en un intento de ejercicio catártico voy a contarlo todo. Todo, sin censuras.

Para empezar, confieso que soy incapaz de recordar cómo crochetear, o ganchillear. Cuando han pasado dos días sin tocar el gancho ya se me ha olvidado si ése era punto alto, bajo, enano o punto y aparte. Así que cada vez que quiero hacer algo nuevo, a Youtube que me voy! (Mil millones de gracias a toda la gente de Latinoamérica que graban vídeos muy poco estilosos pero muy útiles sobre cómo hacer crochet!). 

Como principiante que soy, tenía ganas de hacerme un cuello para el invierno. Compré dos ovillos de  Extra Merino de Lanas Stop (uno verde inglés, porque me encanta este color, y otro en gris piedra) y un ganchillo del número 6. Tenía delante un patrón (escrito, no gráfico, porque los segundos no los entiendo ni por asomo) muy facilito que usaba puntos altos...pero resulta que no me gustó. Tres veces hice y deshice, y siguió sin gustarme. Así que ni corta ni perezosa, y como si me respaldaran años de experiencia...me puse a improvisar...


En Youtube encontré cómo hacer el punto garbanzo o popcorn, que llena el tejido de pelotitas que sobresalen. Y a partir de ahí intenté recrear, a ojo, la imagen que tenía en cabeza. Empecé con lana verde, tejiendo 74 cadenetas (si no se aprecia en las fotos, la base es más ancha que la parte superior). Seguí con cuatro vueltas de punto bajo. Entonces cambié a la lana gris y al punto garbanzo, a razón de un "garbanzo" cada cuatro puntos altos. Así realicé una vuelta entera de 74 puntos. En las siguientes vueltas empezó el caos y el desorden... Fui reduciendo puntos a ojo, fui espaciando los "garbanzo" a ojo (no me gustaba cómo queda tan ordenadito y cuadriculado) y fui tejiendo dos puntos altos juntos (a ojo!) para que el tejido quedase más apretadito. Ya véis el resultado...imposible sacar un patrón decente! Casi que para disimular, terminé tal y como empecé, con cuatro vueltas de punto bajo en verde.



Y esta es la triste historia de mi primer, imperfecto, irregular, aleatorio, cuello de crochet. Siento no colgar fotos de cómo queda puesto, pero sería peor que meter la cabeza en el horno...

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